lunes, 17 de julio de 2017

PSICÓLOGOS, DEPORTISTAS DE ALTO RIESGO

"Ningún hombre es más infeliz que el que no ha sufrido adversidad, porque muere sin probarse a sí mismo".
Séneca.

De forma breve y haciendo referencia al argot ciclista que tanto me apasiona, intentaré desprenderme de todo aquello que embellece a esta joven y hermosa disciplina, como es la Psicología, para dejar ver parte de la persona que se dirige a vosotros en estos renglones.

Tras 12 años de ejercer como psicooncólogo al lado de los enfermos de cáncer y sus familiares, son muchas las personas que en el día a día te expresan su admiración por el trabajo que realizas, autoevaluándose ellos como incapaces de hacer lo que tú haces. “Es genial -comentan algunos- haber podido contar contigo en uno de los momentos más difíciles de nuestras vidas, no te imaginas cuánto nos ayudaste”. Y, aunque reconozco que estas palabras son siempre recibidas como un gran empujón en esta “subida al Tourmalet” que nos toca enfrentar en numerosas ocasiones, también quiero advertir sobre algunos efectos secundarios que considero relevantes destacar para que no nos dé la “pájara” y podamos finalmente hacer una gran etapa y no quedar de farolillo rojo.

Por un lado, considero que en esta profesión nos exponemos con bastante frecuencia al riesgo de llegar a sentirnos como cabeza de carrera, una especie de superhéroes poseedores de un poder especial que nos capacita para poder cambiar la vida de las personas. Y, compañeros, me parece que estamos muy equivocados. La experiencia nos dice que tan solo somos meros facilitadores “que van a rueda” de los enfermos para que ellos mismos consigan poner en marcha y movilizar sus propios recursos y estrategias que les ayuden a hacer frente a sus problemas. Y, lo que es más importante, lamentablemente, aunque nos esforcemos en aplicar la psicoterapia más novedosa y las técnicas mejor contrastadas científicamente, al final, lo importante y lo que va a marcar en gran medida el éxito de tu intervención son precisamente otros aspectos relacionados con tu calidad como ser humano, tu capacidad de ser compasivo, honesto y auténtico. ¿Quienes somos realmente para poder decir a los demás lo que tienen que hacer o no?, ¿dónde se nos queda el intentar fomentar la responsabilidad individual y dejar ser a las personas como realmente son?

Llegados a este punto me pregunto, si realmente esto es así, ¿en qué parte de los planes de estudio del grado en Psicología se contempla el cultivo y entrenamiento de estas competencias?, ¿cuáles son los valores que queremos transmitir al “grupo perseguidor” para cuando le toque enfrentarse a este duro puerto de montaña?

Desde mi punto de vista, la Psicología necesita más que nunca actualizarse y adaptarse a las nuevas necesidades. Debemos saber dar mejor respuesta a los problemas que la sociedad actual nos está planteando, donde continuamente se nos vende el placer por lo inmediato, lo material, lo extrínseco y superficial, dejando a un lado todo aquello que nos conduce hacia cualquier forma de sufrimiento o nos recuerda que somos finitos, la baja tolerancia a la frustración, las trampas del pensamiento positivo o la estúpida corriente de que todo lo podemos alcanzar si nos lo proponemos. Decía Ann, protagonista de la película ‘Mi vida sin mí’ de Isabel Coixet, “y te das cuenta de que todos los escaparates brillantes, todas las modelos de los catálogos, todos los colores, las ofertas, las recetas, Martha Stewart, el Día de Acción de Gracias, las películas de Julia Roberts, las montañas de comida grasienta, intentan alejarnos de la muerte. Sin conseguirlo (…). Nadie piensa en la muerte en un supermercado.”

Por otro lado, siguiendo este planteamiento, al igual que validamos a nuestros pacientes en el plano emocional y ayudamos a admitir el sufrimiento como parte de la vida, ¿qué hacemos realmente los profesionales de la salud con nosotros mismos?, ¿cómo gestionamos nuestra propia vida, nuestras dificultades, nuestro sufrimiento? ¿No os da la sensación de que a más de uno de nosotros se nos olvidó al inicio de la carrera hacer un ejercicio de introspección y autoanálisis donde poder identificar y trabajar nuestros propios miedos e inseguridades, nuestra capacidad de autorregulación antes de poder atender la de los demás? Os aseguro que en terapia, todo aquello que nos chirría o incomoda procede de ese “lado oscuro” de nuestra historia personal que no atendemos correctamente a nivel personal.

Quizás esto nos pase porque nuestra profesión siempre se ha asociado y nos han sometido a un rol de actuación ejemplar ante la vida, de profesional en continua actualización y al cual, al igual que en otras profesiones sanitarias, se le permite muy poco margen de error, olvidando casi siempre nuestra condición de seres humanos. Más de uno se echaría las manos a la cabeza si pensamos en un psicólogo estresado, con problemas familiares u otro tipo de conflictos, pero también a nosotros nos tocará a lo largo de la vida atravesar momentos difíciles. Ante ellos, el autocuidado se convierte en el casco que nos protege ante la práctica de este deporte de alto riesgo y una asignatura de vital importancia para ser atendida, no solo por el propio profesional sino asumida también por el propio sistema sanitario. Es necesario que aparezca el “avituallamiento” de carrera y es más necesario aún que el profesional sea capaz de identificar esas dificultades, cambiar el desarrollo que llevamos puesto en la bicicleta, cambiar el “maillot a la superioridad” por el premio a la regularidad y valorar que en muchas ocasiones el éxito individual representa también la victoria del resto de componentes del equipo.

Si salimos a la calle, nos cruzamos con personas a las que más de un psicólogo envidiaría por su capacidad para lidiar con los problemas del día a día. Así que, nunca es tarde para agarrarnos fuerte al manillar y resolver la etapa, a ser posible, sin llegada a meta al sprint, desde un estilo propio y coherente con nuestra auténtica forma de ser, no intentando dar una imagen que no nos corresponde o aguantando una incómoda badana en el culotte.

Recuerdo cuando era más joven que uno siempre estaba dispuesto a lanzar la fuga o escapada en solitario ante las situaciones más adversas, pero la propia experiencia y, por supuesto, el peso de los kilómetros en las piernas, te van haciendo replantear el plan de carrera continuamente. Como nos recordaba Gonzalo Brito, psicólogo clínico, en el pasado Congreso de la Sociedad Andaluza de Cuidados Paliativos, “una persona físicamente cansada, mentalmente estresada y emocionalmente agobiada no puede desenvolverse bien a nivel técnico y, probablemente, tampoco tendrá una buena relación con sus pacientes y con sus compañeros. Su propia motivación y satisfacción personal y profesional se irán desgastando con el tiempo”. Por todo esto, me tranquiliza mucho ver como el lema del VII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Psicooncología es ‘El coste de cuidar en oncología: apoyo a los equipos asistenciales’.

Igualmente, escuchaba decir recientemente a Paula Ortiz, directora de la película ‘La Novia’, que en los tiempos que corren y los momentos que nos están tocando vivir, tan faltos de valores morales y sociales o repleta de antivalores, quizás sea el momento de bucear y asomarnos a la vivencia de nuestros precipicios sobre las grandes pasiones del alma y poder conectar con lo esencialmente humano.

Ojalá que todos comprendiésemos a Ann, la magnitud y la profundidad en sus palabras:


“Esta eres tú, los ojos cerrados, bajo la lluvia. Nunca imaginaste que harías algo así, nunca te habías visto como… no sé como describirlo, como una de esas personas a las que le gusta la luna o que pasan horas contemplando el mar o una puesta de sol. Seguro que sabes de qué gente estoy hablando… o tal vez no. Da igual, a ti te gusta estar así, desafiando al frío, sintiendo como el agua empapa tu camiseta y te moja la piel, y notar como la tierra se vuelve mullida bajo tus pies y el olor, y el sonido de la lluvia al golpear las hojas. Todas esas cosas que dicen los libros que no has leído. Esta eres tú, quién lo iba a decir… tú”.

ASOCIACION ESPAÑOLA CONTRA EL CÁNCER
Junta Provincial de Jaén
Sergio Garrido Jiménez.
Psicooncólogo de AECC Jaén.

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