"Ningún hombre es más infeliz que
el que no ha sufrido adversidad, porque muere sin probarse a sí mismo".
De forma breve y haciendo referencia
al argot ciclista que tanto me apasiona, intentaré desprenderme de todo aquello
que embellece a esta joven y hermosa disciplina, como es la Psicología, para
dejar ver parte de la persona que se dirige a vosotros en estos renglones.
Tras 12 años de ejercer como
psicooncólogo al lado de los enfermos de cáncer y sus familiares, son muchas
las personas que en el día a día te expresan su admiración por el trabajo que
realizas, autoevaluándose ellos como incapaces de hacer lo que tú haces. “Es
genial -comentan algunos- haber podido contar contigo en uno de los momentos
más difíciles de nuestras vidas, no te imaginas cuánto nos ayudaste”. Y,
aunque reconozco que estas palabras son siempre recibidas como un gran empujón
en esta “subida al Tourmalet” que nos toca enfrentar en numerosas ocasiones,
también quiero advertir sobre algunos efectos secundarios que considero relevantes
destacar para que no nos dé la “pájara” y podamos finalmente hacer una gran
etapa y no quedar de farolillo rojo.
Por un lado, considero que en esta
profesión nos exponemos con bastante frecuencia al riesgo de llegar a sentirnos
como cabeza de carrera, una especie de superhéroes poseedores de un poder
especial que nos capacita para poder cambiar la vida de las personas. Y,
compañeros, me parece que estamos muy equivocados. La experiencia nos dice que
tan solo somos meros facilitadores “que van a rueda” de los enfermos para que
ellos mismos consigan poner en marcha y movilizar sus propios recursos y
estrategias que les ayuden a hacer frente a sus problemas. Y, lo que es más
importante, lamentablemente, aunque nos esforcemos en aplicar la psicoterapia
más novedosa y las técnicas mejor contrastadas científicamente, al final, lo
importante y lo que va a marcar en gran medida el éxito de tu intervención son
precisamente otros aspectos relacionados con tu calidad como ser humano, tu
capacidad de ser compasivo, honesto y auténtico. ¿Quienes somos realmente para
poder decir a los demás lo que tienen que hacer o no?, ¿dónde se nos queda el
intentar fomentar la responsabilidad individual y dejar ser a las personas como
realmente son?
Llegados a este punto me pregunto, si
realmente esto es así, ¿en qué parte de los planes de estudio del grado en Psicología
se contempla el cultivo y entrenamiento de estas competencias?, ¿cuáles son los
valores que queremos transmitir al “grupo perseguidor” para cuando le toque
enfrentarse a este duro puerto de montaña?
Desde mi punto de vista, la Psicología
necesita más que nunca actualizarse y adaptarse a las nuevas necesidades.
Debemos saber dar mejor respuesta a los problemas que la sociedad actual nos
está planteando, donde continuamente se nos vende el placer por lo inmediato,
lo material, lo extrínseco y superficial, dejando a un lado todo aquello que
nos conduce hacia cualquier forma de sufrimiento o nos recuerda que somos
finitos, la baja tolerancia a la frustración, las trampas del pensamiento
positivo o la estúpida corriente de que todo lo podemos alcanzar si nos lo
proponemos. Decía Ann, protagonista de la película ‘Mi vida sin mí’ de Isabel
Coixet, “y te das cuenta de que todos los escaparates brillantes, todas las
modelos de los catálogos, todos los colores, las ofertas, las recetas, Martha
Stewart, el Día de Acción de Gracias, las películas de Julia Roberts, las
montañas de comida grasienta, intentan alejarnos de la muerte. Sin conseguirlo
(…). Nadie piensa en la muerte en un supermercado.”
Por otro lado, siguiendo este
planteamiento, al igual que validamos a nuestros pacientes en el plano
emocional y ayudamos a admitir el sufrimiento como parte de la vida, ¿qué
hacemos realmente los profesionales de la salud con nosotros mismos?, ¿cómo
gestionamos nuestra propia vida, nuestras dificultades, nuestro sufrimiento?
¿No os da la sensación de que a más de uno de nosotros se nos olvidó al inicio
de la carrera hacer un ejercicio de introspección y autoanálisis donde poder
identificar y trabajar nuestros propios miedos e inseguridades, nuestra capacidad
de autorregulación antes de poder atender la de los demás? Os aseguro que en
terapia, todo aquello que nos chirría o incomoda procede de ese “lado oscuro”
de nuestra historia personal que no atendemos correctamente a nivel personal.
Quizás esto nos pase porque nuestra
profesión siempre se ha asociado y nos han sometido a un rol de actuación
ejemplar ante la vida, de profesional en continua actualización y al cual, al
igual que en otras profesiones sanitarias, se le permite muy poco margen de
error, olvidando casi siempre nuestra condición de seres humanos. Más de uno se
echaría las manos a la cabeza si pensamos en un psicólogo estresado, con
problemas familiares u otro tipo de conflictos, pero también a nosotros nos
tocará a lo largo de la vida atravesar momentos difíciles. Ante ellos, el
autocuidado se convierte en el casco que nos protege ante la práctica de este deporte
de alto riesgo y una asignatura de vital importancia para ser atendida, no solo
por el propio profesional sino asumida también por el propio sistema sanitario.
Es necesario que aparezca el “avituallamiento” de carrera y es más necesario
aún que el profesional sea capaz de identificar esas dificultades, cambiar el
desarrollo que llevamos puesto en la bicicleta, cambiar el “maillot a la superioridad”
por el premio a la regularidad y valorar que en muchas ocasiones el éxito
individual representa también la victoria del resto de componentes del equipo.
Si salimos a la calle, nos cruzamos
con personas a las que más de un psicólogo envidiaría por su capacidad para
lidiar con los problemas del día a día. Así que, nunca es tarde para agarrarnos
fuerte al manillar y resolver la etapa, a ser posible, sin llegada a meta al
sprint, desde un estilo propio y coherente con nuestra auténtica forma de ser,
no intentando dar una imagen que no nos corresponde o aguantando una incómoda
badana en el culotte.
Recuerdo cuando era más joven que uno
siempre estaba dispuesto a lanzar la fuga o escapada en solitario ante las
situaciones más adversas, pero la propia experiencia y, por supuesto, el peso
de los kilómetros en las piernas, te van haciendo replantear el plan de carrera
continuamente. Como nos recordaba Gonzalo Brito, psicólogo clínico, en el
pasado Congreso de la Sociedad Andaluza de Cuidados Paliativos, “una persona
físicamente cansada, mentalmente estresada y emocionalmente agobiada no puede
desenvolverse bien a nivel técnico y, probablemente, tampoco tendrá una buena
relación con sus pacientes y con sus compañeros. Su propia motivación y
satisfacción personal y profesional se irán desgastando con el tiempo”. Por
todo esto, me tranquiliza mucho ver como el lema del VII Congreso Nacional de
la Sociedad Española de Psicooncología es ‘El coste de cuidar en oncología:
apoyo a los equipos asistenciales’.
Igualmente, escuchaba decir
recientemente a Paula Ortiz, directora de la película ‘La Novia’, que en los
tiempos que corren y los momentos que nos están tocando vivir, tan faltos de
valores morales y sociales o repleta de antivalores, quizás sea el momento de
bucear y asomarnos a la vivencia de nuestros precipicios sobre las grandes
pasiones del alma y poder conectar con lo esencialmente humano.
Ojalá que todos comprendiésemos a Ann,
la magnitud y la profundidad en sus palabras:
“Esta eres tú, los ojos cerrados, bajo
la lluvia. Nunca imaginaste que harías algo así, nunca te habías visto como… no
sé como describirlo, como una de esas personas a las que le gusta la luna o que
pasan horas contemplando el mar o una puesta de sol. Seguro que sabes de qué
gente estoy hablando… o tal vez no. Da igual, a ti te gusta estar así,
desafiando al frío, sintiendo como el agua empapa tu camiseta y te moja la
piel, y notar como la tierra se vuelve mullida bajo tus pies y el olor, y el
sonido de la lluvia al golpear las hojas. Todas esas cosas que dicen los libros
que no has leído. Esta eres tú, quién lo iba a decir… tú”.
ASOCIACION
ESPAÑOLA CONTRA EL CÁNCER
Junta Provincial de Jaén
Sergio Garrido Jiménez.
Psicooncólogo de AECC Jaén.
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