lunes, 17 de julio de 2017

REFLEXIONES ACERCA DE LAS DECISIONES Y VALORES DEL PACIENTE AL FINAL DE LA VIDA

Normalmente, cuando una persona recibe la noticia de que tiene cáncer, de lo último que le apetece hablar es de cómo le gustaría que fuesen sus últimos días en caso de no poder vencer a la enfermedad. Parece, por tanto, poco apropiado en ese momento plantearle al paciente la opción de dejar por escrito sus preferencias a través de herramientas como el documento de Voluntades Vitales Anticipadas. Pero seguro que en cualquier otro momento temprano en el transcurso de la enfermedad hay oportunidad de explicárselo con detenimiento para que el enfermo sepa las ventajas que el mismo conlleva. Se trata de intentar desterrar un poco el miedo a hablar de la muerte que actualmente existe en nuestra sociedad. Con esta finalidad surge la Planificación Anticipada de Decisiones (PAD).

La Planificación Anticipada de las Decisiones (PAD) es un proceso voluntario de comunicación y deliberación entre una persona capaz y profesionales sanitarios implicados en su atención, acerca de los valores, deseos y preferencias que quiere que se tengan en cuenta respecto a la atención sanitaria que recibirá como paciente, fundamentalmente en los momentos finales de su vida.

Tras la participación en el último Congreso de la Sociedad Andaluza de Cuidados Paliativos (SACPA) celebrado en Granada en 2016, he de destacar que en los últimos años se está demostrando una actitud de escucha activa hacia los psicólogos por parte de los miembros de otras disciplinas sanitarias, lo cual contribuye a mejorar la atención en cuidados paliativos y aportar beneficios a los enfermos al final de la vida.

En este sentido, desde la psicooncología, es interesante resaltar algunas de las dificultades que el proceso de PAD supone para pacientes, sus familiares y el personal sanitario que se ve implicado en el mismo. Realmente, es difícil saber cuál es el momento adecuado en el que el paciente de una enfermedad crónica o grave quiere hablar del proceso de muerte y de qué condiciones le gustaría que se tuvieran en cuenta. Entre otras cosas, porque durante el proceso de tratamiento la persona necesita al menos vivir en clave de esperanza la situación y, en ocasiones, necesita hacer verdaderos esfuerzos para confiar en esa posibilidad. Pero si se deja la formulación de las voluntades anticipadas para los momentos finales, puede ser que el enfermo no se encuentre en situación física y mental suficiente para realizarla.


Además, no siempre es fácil saber desde la anticipación, cómo se comportaría uno mismo ante la situación real de enfermedad. De ahí la importancia del carácter modificable y revocable de las mismas y la relevancia de un representante con el que haya hablado del tema de la muerte y conozca bien el mundo de valores y preferencias del paciente.

El proceso de PAD se puede utilizar como una herramienta con un enorme potencial terapéutico, pues aborda las preocupaciones centrales del paciente, le permite expresar preferencias - lo que ayuda a validarle como persona - y le sitúa en un papel de claro protagonista del proceso asistencial. Asimismo, incrementa además la percepción de control y disminuye, por lo tanto, la incertidumbre y la indefensión del enfermo. Los profesionales sabemos del valor terapéutico del proceso de PAD pero forzado puede ser iatrogénico. Actualmente, su utilización en la práctica clínica es escasa. Ante enfermos al final de la vida, el profesional atribuye la causa de esta deficiencia a la falta de preparación, considerando que sus propios miedos y angustias ante la muerte bloquean la relación personal. Esta actitud es frecuentemente detectada por el enfermo, intuyendo que no debe expresar sus sentimientos, por temor a provocar un alejamiento de las personas cuya ayuda necesita, lo que contribuye a intensificar la incomunicación. Por esto, los profesionales sanitarios demandan más formación en estrategias que le ayuden a mejorar la comunicación médico-paciente.


Es prioritario, en fases más tempranas, investigar y explorar la escala de valores y criterios fundamentales que la persona en cuestión considera que deben seguir las decisiones que se tomen al respecto a su salud para poder aplicarlos en situaciones imprevistas. Se trata de la “Historia de Valores” que será la que guiará, en caso de duda, la toma de decisiones. Para la mayoría de personas de nuestra cultura los aspectos emocionales son prioritarios. Ante la pregunta: En el caso de que se estuviera muriendo realmente ¿hasta qué punto cree que los siguientes aspectos le ayudarían a morir en paz?. Entre once respuestas, la más elegida siempre es “poder sentirme cerca, comunicarme y estrechar los vínculos afectivos con mis seres queridos”. Y es que al final, como nos recuerda el Dr. Marcos Gómez Sancho, pionero en Cuidados Paliativos en España, “en más de veinte mil pacientes acompañados, ni uno solo echó de menos al final haber estado más horas en la oficina, tener un apartamento más grande o tener un coche más potente, ni uno. Todos echaron de menos no haber estado más tiempo con sus hijos y verlos crecer de otra manera, no haber sido más solidarios o haber escuchado mas a Mozart o a Bach”

ASOCIACIÓN ESPAÑOLA CONTRA EL CÁNCER
Junta Provincial de Jaén
Sergio Garrido Jiménez.
Psicooncólogo de AECC Jaén

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